CAMBIOS CULTURALES

El primer cambio, implica disponernos a actuar de modo diferente a como hemos actuado hasta la fecha. Todos, quienes aquí nacieron o quienes elegimos vivir aquí junto a los nuestros. Se requerirá de gobernantes abiertos a escuchar a la gente y no sólo los designios de sus clientes ministeriales en Santiago; audacia y creatividad para aprender de quienes ya lo hacen bien entre nosotros mismos y capacidad de articularnos con quienes lo hacen bien o ya aprendieron de sus fracasos fuera de nuestras fronteras. La pobreza cuando uno la elige, es una bendición, cuando otros la escogen por uno, es una maldición, y en todos los rostros que veo a diario, se advierte que nadie quiere andar maldito por la vida. Menos pobres y más fraternos, más eficientes, sí, más amorosos también; generando más trabajo decente y mayores ingresos, pero también distribuyendo la capacidad de confiar, cooperar y resolver nuestras controversias presentes con ambición de un futuro mejor. Más ventanas, menos ventanillas; "aprendedores" que emprenden y cientos de líderes que inspiran y amparan a los suyos, para tener un destino preferible. A veces creo que el discuros concertacionista está plagado de lugares comunes de un futuro esplendor , abierto al mundo en interconexión global, con banda ancha y web 2.0 , y sin embargo el destino de dos o tres familias en Melipeuco o Chol Chol, se dirime por tener o no $ 58.000 para la semilla del cilantro. No como donación, sino como incentivo, como política pública que apoye y acoja. Después del cilantro, Kioto, New York o Malasia. Más futuro global sí, más contigencia real, también, en hora buena, para eso tenemos universidades en nuestras principales avenidas. Que la derecha se ocupe haciendo estadísticas sobre la delincuencia en Angol, Curarrehue o Purén. Nosotros, hagamos el otro cambio cultural en la región, ahora que nos anima una madre buena y rigurosa. .
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