28.1.06

MADRES

Marchaban en la Plaza de Mayo, en Buenos Aires desde 1977. Eran caminatas de Resistencia, contra el olvido, la barbarie, la desazón de la injusticia o la impunidad. Se hicieron ancianas, abuelas, viudas, ignoradas o alentadas según el gobierno de turno. Marcharon mientras tantos nos conformamos con que "algún día alguien hiciera algo por ellas". Marcharon hasta el miércoles pasado, cuando Hebe de Bonafini anunció que al menos la organización que ella lidera, no marchará más. Tras una caminata de casi 24 horas en torno a la Pirámide tapizada con fotografías de los 30.000 desaparecidos que dejara la última dictadura trasandina, Bonafini dijo que soplan nuevos vientos en américa latina, que no tienen enemigos en la Casa Rosada, que hay gobiernos democráticos electos la región y dijo también, que están cansadas.

Desde el dolor por la pérdida de los suyos, ellas quisieron también llevar esparanza a los hijos de otras. El hambre, la depredación ambiental, la concentración de la riqueza, la corrupción o la formación cívica de los militares fueron también sus preocupaciones. Desde el dolor, la indignación y la ira, han trabajado para transformar la manera de entender y cuidar los derechos humanos, promoviendo la deliberación antes que la fuerza, la ley antes que el autoritarismo, la justicia antes que la mera equidad. Las Madres sólo detienen sus marchas de Resistencia porque ellas implican la existencia de enemigos que ya no observan, pero siguen su andar democrático y corajudo, porque saben que hay sombras que siempre persiguen a los justos.

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