4.10.05

EL QUINTAL DE TU DOLOR


A mi padre, Eugenio, que espera diagnóstico en el Hospital de Talca:

Yo siempre quise tener tu oficio
Pero me conformé con comer de tus frutos
Yo siempre anhelé el calor de esos hornos de barro
Y jamás envidié las noches de toque de queda

El quintal a cuestas
Las manos blancas
Los ojos rojizos

Sudor incorregible,
Cada madrugada había que arrancarle
Formas a la espiga

Tus pulmones a veces escaseaban
(El alcohol también bebía oxígeno)
Y allí estabas
Derrotando partículas de fuego
Sin saber, cociendo el pan mío de todos los días

Yo siempre quise desahuciar tu tristeza
de panadero condenado
Multiplicar los panes blancos
para tu angustia oscura
Yo amasé el mismo desazón del abandono
Y ahora el quintal de este dolor
Me pesa como tus canas.

1 Comments:

At 1:23 p. m., Anonymous Anónimo said...

la kagaste droopi ta rewena saludos

 

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