25.7.05

No sé si me explico....


Desde hace unos meses se discute en La Araucanía la posibilidad de instalar un conjunto de plantas de tratamiento de aguas servidas, de acuerdo a un programa de inversiones planificado desde la década de los 90. Las nuevas inversiones llegaron de la mano de la reciente licitación de Essar, ahora transformada en Aguas Araucanía, empresa ligada al grupo Solari. Guerrillas de discursos, promesas, quejas, lobbys y ofertas de credibilidad y garantías de no contaminación o deterioro de la calidad del aire, que los vecinos de la zonas directamente afectadas parecen no creer.

Cada vez que una empresa privada o un organismo público desea llevar a cabo un proyecto, se desata una controversia que suele terminar en conflicto y aún más, suele definirse en tribunales. Esta judicialización de la convivencia regional y nacional tiene costos y consecuencias insospechadas en materia de confianza para todos: ésto, porque una vez que se decide ir a tribunales, se duda de la competencia o sinceridad con que resuelven los jueces. Cárceles, hogares para niños, vertederos, carreteras, iglesias o plantaciones de bosques, merecen sospechas de antemano, que decir de ductos de riles, antenas de celulares, plantas atómicas o tratamentos de residuos industriales. Curioso, como en Temuco y alrededores, (que hoy, 26/07 es una ciudad fantasmagórica que sucumbe ante el smog y la niebla) externalizamos los males en otros y no tenemos capacidad para discutir con seriedad y ocuparnos más que pre ocuparnos, de la pésima calidad del aire que respiramos y la calidad de las aguas que llegan directas desde nuestros retretes, a los ríos.

Cuando hace más de 13 años un estudio señaló a
Temuco como la capital más contaminada después de Santiago, el alcalde de la época, enfureció y desestimó la cifras como si éstas fueran una conspiración para arrebatarle prestigio a la ciudad (y por ende a sus autoridades). Se encondió la cabeza, y con ella la creatividad. El alcalde desconfió del estudio, el estudioso desconfió de los políticos "progresistas", los progresistas desconfiaron de los conservadores, los conservadores desconfiaron de los ciudadanos, los ciudadanos desconfiaron de todos. Y así, entre agua sucia que nadie ve llegar a los ríos y aire asqueroso que enferma a nuestros hijos y abuelos, se nos pasa la vida de denuncia en denuncia, de querella en querella.

Explicaciones sobran por lado y lado: unos acusan oscuros intereses económicos, otros, simple ecologismo trasnochado, unos anuncian debacles sociales, culturales y ambientales, otros,ensalzan la tecnología como panacea suprema. Las explicaciones abundan. Unos añoran tiempos antiguos de ciudades ligadas al entorno rural, otros nos dicen que en el mundo globalizado esa postal se acabó y se necesitan obras de todos portes, por todas partes. Las explicaciones abundan, pero no logran ayudarnos a tener una convivencia en que los intereses comunes se conversan con tranquilidad, y se asuman los costos y se repartan los beneficios de lo que unos y otros desean como bienestar para una sociedad cada vez más fragmentada. Explicaciones sobran para no sentarse de una vez a converesar, o como diría
Cortázar: "En algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las explicaciones. Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural"

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